viernes, 15 de junio de 2012

Crónica de una escapada al Cerro de la Estrella

Por sugerencia del entrenador les comparto mi crónica de una escapada al cerro. Como todos saben en enero de este año me sometí a una cirugía de “corazón abierto” debido a que tenía una insuficiencia severa de la válvula Mitral que ya era necesario corregir, por lo que decidí operarme al iniciar el año. (aprovecho para agradecer a Felipón, Daniel Partida, Alberto Pulido, Calero, Cheluis, Socorro, Obi, otras dos de mis hermanas –Carmen y Mely- y a mi hijo Diego haber donado su sangre). Lo que no todos saben es que la noche previa a la cirugía cuando me iban a realizar un ecocardiograma trans-esofágico (o sea un ultrasonido que llega lo más cerca del corazón que es posible), el residente de anestesiología que me atendió me provocó un paro respiratorio por una mala manipulación del aparato al desatar una reacción del nervio Vago (o sea que me les estaba yendo) mandándome a terapia intensiva donde afortunadamente me rescataron a tiempo. Luego de ese evento al día siguiente me operaron, todo resultó bien y el reemplazo de mi válvula mitral fue un éxito. Otra cosa que tal vez no todos supieron es que a diez días de la cirugía estando todavía en el hospital, con un estornudo y un ataque de tos, se me zafó una de las grapas con las que fijaron el esternón desgarrándome por dentro y abriendo el esternón que motivó una nueva cirugía y me tuvo una semana más en terapia intensiva, alargando mi estancia en el hospital hasta que luego de 23 días y 9 kilos de peso menos me dieron de alta y pude regresar a casa. El domingo pasado 10 de junio cumplí 5 meses de la cirugía del corazón y desde hace unas seis semanas he venido haciendo algo de ejercicio en el gimnasio y caminando con los bastones de caminata nórdica, siguiendo las recomendaciones médicas señaladas para mi rehabilitación obteniendo muy buenos resultados. Cabe señalar que los médicos me sugirieron esperar a los seis meses para hacer los estudios de control para ya darme luz verde en volver a mis actividades “normales” deportivas y que mientras tanto siguiera el plan de rehabilitación cardiaca señalado (bici fija, elíptica y caminadora). Estando en casa ese domingo decidiendo si me iba al gimnasio o no y viendo que era algo tarde (10:30 de la mañana), pensé no ir al gimnasio y mejor solamente caminar en el estacionamiento del condominio donde vivo, sin embargo no pude resistir la tentación de subirme a la bicicleta y sentir un poco del placer que significa pedalear un poco aunque sea en ese espacio tan reducido, aunque pareciera dar vueltas como hámster en su jaula. Ya lo había intentado hacer en un par de ocasiones anteriormente pero no me sentí seguro ni fuerte por lo que decliné hacerlo. Como en el gimnasio ya resisto pedalear por 20 minutos ininterrumpidos en la bicicleta fija y sujetándome del manubrio, le comenté a mi esposa que estaría afuera en la bicicleta y que probablemente le daría una “probadita” a rodar en la cuadra donde vivo. Salí y pedalee toda la calle sintiendo gran emoción, libertad y felicidad por hacerlo sin problema, por lo que pensando que a 5 meses de la cirugía ya lo estaba haciendo. La confianza con la que me sentí me atrajo un pensamiento de: “lánzate al cerro a ver cómo te sientes”, al cuál no me pude resistir y me encaminé al cerro como sediento al oasis, pasé los primeros topes que hay en la cuadra y vi que no había molestia alguna, ni en el pecho ni en los brazos sin embargo pensé que era arriesgado ir al cerro y dije, bueno llegaré al semáforo que está en Calzada de la Viga y de ahí me regreso. Llegué al semáforo y estaba en siga, así que me dije, “es una señal de que continúes”, por lo que no detuve el pedaleo. Tomé la recta de la calle que lleva hasta el eje 3 Ote. Y el viento me gustó percibirlo a pesar de que es una zona que se respira algo sucia y con el calor de la lluvia del día anterior emanaba olores no muy agradables, pero en ese momento me importaba poco. Seguí pedaleando a mi pasito, llegué al eje y estaba también en verde. Caray!! Otra señal de no te detengas, sigue me dijo mi voz interna. Pasé después sin problema la avenida Tláhuac y ahí me dije que intentaría subir en un ritmo tranquilo de pedaleo lo más que pudiera el cerro, pues quería sentir la demanda de la subida y ver cómo respondía mi cuerpo y mi corazón. Al empezar la escalada percibí que mis respiraciones eran más satisfactorias que antes de la cirugía, me sentía como cuando caminé en el cerro el día de la prueba de rendimiento, la sensación de llenado de mis pulmones si correspondía al jalón de aire que hacía y que el sonido de la válvula se escuchaba rítmico y sin molestia alguna en el corazón, sin embargo también me di cuenta que mis piernas estaban débiles o mejor dicho “desencanchadas”, pero el ánimo que me embargaba las compensaban. Pensé que no iba a poder avanzar mucho en la subida, pero cuando menos me lo imaginé ya estaba en la cumbre del cerro dándole la vuelta a la pirámide, la verdad me emocionó mucho y se me puso la carne chinita (inclusive ahorita que lo escribo nuevamente lo siento), pues logré llegar hasta arriba de un solo tirón, con un buen gasto cardiaco, con las piernas tensas pero sin ninguna molestia, los brazos, pecho, espalda, todo de maravilla, sin nada que me tuviera que preocupar y miren que estuve todo el tiempo atento a que si sentía algo que no fuera el cansancio común y corriente o las sensaciones de agotamiento cuando estas desentrenado o que el ritmo cardiaco se alocara o me mareara o sintiera debilidad súbita o algo así. Evalúe mi desempeño en términos deportivos y me sentí como a un 60 por ciento del nivel que tenía en el último entrenamiento que hice en la bici tres días antes de mi operación. Sin detenerme inicié el descenso y al pasar por donde esta el gimnasio del cerro, estuve a punto de irme por la bajada de tierra, pero ahí si me contuve y me dije que ya había sido demasiado bueno llegar a ese día con buena recuperación como para echarlo a perder por alguna caída o algún movimiento que me afectara sobretodo el esternón, porque todavía no lo siento que esté al 100 por ciento recuperado, ya que siento que le falta todavía más firmeza como para sacudirlo con la montaña, por lo que la prudencia me hizo continuar en el pavimento (y miren que ya había pasado por alto el límite de ella). Bajé rápido y tomé el camino acostumbrado sin problema alguno y muy emocionado. Llegue a casa luego de 54 minutos de pedaleo ida y vuelta (la ida la hice en 35 minutos de mi casa hasta la cumbre), sudoroso y feliz. Entré a casa y mi esposa estaba esperándome en la cocina, intranquila porque no estaba en donde le dije estaría, por lo que no pude mentirle y le platiqué que me había ido al cerro, lo que con toda razón provocó que me llamara la atención enérgicamente, no sólo porque se supone no lo debía hacer sino hasta los seis meses del alta del hospital y con la aprobación resultante de los estudios médicos correspondientes, sino también porque me fui sólo y sin avisar, por lo que si me pasaba algo como iba a recibir ayuda. Reconozco que había sido un error (sobretodo lo segundo de no avisar e irme solo), pero lo primero de irme al cerro fue una nueva inyección de vida para mi, por lo que en eso le convine que fuera más condescendiente, le platiqué como me sentí, le mostré mi monitor cardiaco que marcaba un promedio de 135 pulsaciones por minuto y le prometí que me portaré bien de aquí a que me den de alta definitiva a finales de julio. La conclusión de todo esto es que la decisión de operarme del corazón definitivamente si fue la acertada, que el ejercicio si salva tu vida, que la bici de montaña te hace una persona distinta y más fuerte tanto física como mentalmente, que si podré volver a realizar el deporte y la bici como antes, que todo esto que pasé sin mi mujer, mis hijos, familia y amigos no lo habría superado y que aunque fue una imprudencia de mi parte esta escapada al cerro valió la pena, por eso decidí compartirla. Por el momento a portarme bien y ya nos veremos nuevamente montados en la bici en agosto para seguir sacando la garra puma. Juan Carlos