jueves, 25 de marzo de 2010

Reseña de la rodada al Iztaccihuatl

Abraham nos manda la reseña de la rodada al Iztaccihuatlque la denominó del cumpleaños de Ricardo
Salí temprano de mi casa rumbo al vecino pueblo de Tlahuac para recoger a Ricardo, el destino inicial era el desierto de los leones pero al darnos cuenta que solo era una rodada de dos, decidimos irnos a la mujer dormida. Este era el plan que había propuesto la semana pasada después del entrenamiento, nunca había rodado por esos rumbos, y las reseñas son bastante buenas.
En el camino nos toco un poco de trafico afortunadamente Ricardo parece taxista y tomamos como mil atajos, aun así el trayecto no fue corto pero después de una escala por un desayuno de campeones (guajolota y atole) y una buena platica llegamos muy animados al parque ejidal cuyo nombre no puedo recordar. Iniciamos el ascenso por camino ancho tuvimos que caminar un poco al principio por que había muchas piedras, también hay unas veredas angostas pero solo se pueden usar para bajar en tramos porque la pendiente esta medio pelona. Como a un tercio e la subida llegamos a una pequeña represa de agua cristalina, tomamos unas fotos y continuamos, la subida aumentaba de pendiente o me estaba quedando sin ímpetu, agarramos un ritmo constante y llegamos a un llano a 3440 msnm nos enjuagamos en la toma de agua de una represa, yo me quería echar un clavado pero después de mojarme la cabeza con el agua helada me di cuenta de que no era tan buena idea, seguramente me hubiera acalambrado como tabla. Había una pequeña cabaña donde vendían quesadillas y chelas. Si, nos tomamos una chela helada y unas quesadillas de zetas acompañados por la imponente vista de la mujer dormida. Ya con la barriga llena seguimos el cauce del acueducto que nutre las represas y llegamos al primer refugio alpino tomamos unas fotos y platicamos con algunos caminantes. Seguía la parte más divertida, después de una buena subida viene la bajada. Yo seguí a Ricardo que me prometió unos single muy buenos y así fue, bajamos bastante rápido algunos tramos por camino ancho y otros por veredas técnicas muy divertidas, afortunadamente no hubo caídas. Llegamos al auto llenos de adrenalina y con una sonrisa de oreja a oreja. El regreso no fue tan placentero, la maldita ciudad llena de tráfico, pero valió la pena. Yo también quiero una rodada así de cumpleaños.