martes, 2 de octubre de 2012

Reseña Barranca Embrujada por Daniel Cortes

RESEÑA LA BARRANCA EMBRUJADA XC 2012 Esta carrera fue organizada por el equipo pasaditos bike team, primera carrera de un miniserial que organizan varios equipos colindantes; la sede, un lugar cercano a Texcoco, que pese a su hermosura enervante que embriagaba ya a Netzahualcoyotl y lo obligaba a curarse haciendo poemas, sus planices no me parecían suficientes para una competencia de MTB. La tierra prestada de Tequesquinahuac sería la sede, lugar que poco a poco se dejaba ver y que al llegar era impresionante, ubicada en los inicios de lo que es el bosque de montaña, con sus pinos y yesca, con su tierra densa y cielo azules y para cuando terminas de girar tus ojos en el cielo una imponente montaña te imanta la vista, es el Tláloc, majestuoso gigante que en la cosmogonía nahua es un lugar de residencia de este ser elemental, bello sin duda; como a los grandes solo alzando la mirada puede contemplárseles. Par cuando Yola y yo llegamos, el resto del equipo había llegado mucho antes y la carpa puma ya estaba lista, nada más por hacer. Leve reconocimiento del lugar, todo en orden y a calentar. Los primeros en salir son los chiquitines que una vuelta les tendría que ser suficiente para apaciguar toda su furia. Diego y Dani chiquito salen rapidísimo, todo pasa muy rápido, la vuelta es fuerte y la competencia no menos reñida que la de los mayores y por tanto un par de cuerpos visitan la tierra, hasta en eso quieren parecerse a los grandes. Dani toma el 4to lugar y Diego se lleva el segundo. Tiempo de arranque de los que llevamos más caídas en el cuerpo y todo parece estar listo; ¡arrancamos! la primer bajada ancha y rápida acomoda a los corredores, siempre el ajetreo inicial, el esfuerzo un tanto caótico, las pulsaciones a tope que mi cuerpo aún las sigue recibiendo como un balde de agua fría. Siempre la primer vuelta en un territorio desconocido es de aprendizaje, tratando de hacerlo lo mejor posible y grabar casi eidéticamente todo detalle. Subidas muy técnicas que demandan mucho torque en las piernas, mi cuerpo lo reciente, las bajadas demandan todo tanto del ciclista como de su corcel, y como tal hablarle al oído para que no se asuste y no repare, uno con la ayuda del otro podrán hacerlo, juntos podrán lograrlo; dubitaciones iniciales pero ahí están los dos abajo, en el mismo orden en que estaban arriba. Poco antes de terminar la primer vuelta me encuentro al entrenador y me informa que estoy bien ubicado, que no afloje, la primer vuelta me ha exigido mucho y para la segunda me siento sin la explosividad de la primer vuelta, un par de corredores me rebasan pero yo me aferro a ellos con la vista, de ahí me sostengo y poco a poco les voy dando alcance. El entrenador se da cuenta de mi desgaste y me lo hace saber, su ánimo me da fuerza para seguir; sin embargo, lo proceso lento pues trato de ir más rápido sin sentir que realmente lo consiga. Momento decisivo y me aviento al rebase, exprimo mis piernas para tomar ventaja antes de entrar a los senderos y sin embargo, tomo el camino equivocado, el corredor que había sido rebasado es mi pastor que me guía como oveja en un camino de errores, le hago caso y el regresar al camino trazado me roba valiosos segundos, me consuelo al pensar que no eran de mi categoría pero mi orgullo es analfabeta y no sabe leer las letras delas categorías y mi orgullo sufre. Después del descanso que me impone mi cuerpo en la segunda vuelta y un mayor conocimiento de la pista logró desenvolverme más, esto también me hace disfrutar más la carrera, sentir el sudor del esfuerzo de los ascensos secarse en la velocidad de las bajadas, escuchar a los que se han reunido para apoyarte y que tienen siempre lista una porra para los pumas, a donde vayas ahí abran, una historia precede a esta Universidad y ahora no las porras son las que me animan, sino esas historias que evocan las porras anónimas; esas son lo que me alientan. Sigo de frente y siento mi cuerpo cansado pero animoso, rebaso a varios corredores pero ninguno es de mi letra pero eso no me desespera; Ricardo me dice que el de adelante me lleva 20 segundos, y puedo alcanzarlo. Trato de hacerlo lo mejor que se puede, doy lo que queda y Tláloc nos recuerda su presencia en esas tierras cariñosamente con un chipi-chipi, como todo espíritu náhuatl temo por su dualidad y se despierte su furia así que apresuro el paso y doy lo que me queda, la lluvia ha sosegado el ánimo de las personas y nos encontramos solos, los espíritus del bosque tendrán que apoyarnos, sus ruidos me son suficientes y avanzo con confianza. Delante de mí ya solo queda la meta; escucho los ánimos de todos los pumas que hacen que la emoción llegue antes que la meta llegue a mí. El imbatible duo dinámico de los 40s Juan y Dani se llevarían un 5to y 3er lugar respectivamente, la cadena sería el tendón de Aquiles de mi tocayo pues no aguantaría todos los watts de sus piernas y cederían ante estos, eso le costaría el segundo lugar; sin embargo, todos sabemos que eso solo lo hará regresar con más watts…y una cadena que le aguante el ritmo. Pinpin corriendo fuerte se llevaría el segundo lugar en su categoría; develando poco a poco lo que nos espera en unos años; bueno saber que tienes los mismos colores que los míos. Lupillo y un oriundo me relegarían a un tercer lugar pero cuando se pierde contra el mejor ¿qué se puede hacer? aplaudirle y entrenar más duro. La convivencia en la carpa Puma es parte del ritual del equipo, siempre se disfruta; sin sala, vestíbulo o Starbucks donde platicar, el bosque es el que cobija; sin lattes ni descuentos de 2X1; sin wi-fi inalámbrico ni sillas de catálogo europeo; solo entre heno, yesca y Tláloc, de aquí somos. Todo ciclista sabe que el ver una montaña nos remite inmediatamente a nosotros en ella y como mediador una bici. En la carpa platicábamos gustosamente pero no me podía sacar a Tláloc de la mente y mi mirada ya imantada por él me hacía voltear constantemente, esa montaña reside ahora en mis pensamientos y el querer subir a ella; por suerte no soy el único con esas ideas y al parecer pronto se hará una carrera por esa montaña sagrada. Si el Aqueronte ha de cruzarse en una barca, nosotros subiremos a nuestro Tlalocan en bicicleta, aquí no habrá monedas ni Caronte de por medio, solo nuestro esfuerzo la moneda de cambio que pagará el viaje.