miércoles, 29 de agosto de 2012

TEENEK RACING 2012 HIDALGO (por Daniel Córtés)


Reseña 100km Teenek Racing
Las primeras noticias que recibimos de esta competencia fue justo al terminar la última competencia de Teenek; los 300 km en 3 días. Aún estábamos limpiándonos el lodo de esta competencia cuando  el Cachorro ya nos estaba invitando a la siguiente. Las palabras mágicas que nos dibujaron una sonrisa (tanto a los Gama como a mí) fueron -100km, 4500 metros de desnivel acumulado, el Chico Hidalgo, prueba máxima de un solo día-  Con eso fue suficiente para agendarlo en el calendario de competencias.
Día de la misma y los papás Gama, tita Gama, y las novias Gama nos permitirían una vez más a mí Valquiria (Yola), mi Nextli (bici) y yo entrar en su dinámica familiar extendida. Partimos temprano e intercambiamos nuestras impresiones de lo que será la competencia, de lo mal que nos tratará la orografía y los factores meteorológicos que a decir verdad, yo repasaba durante toda la semana con miedo sincero.


Una vez en el pueblo los ciclistas salían con el sol de entre los recovecos, como esos escarabajos que recurren a la luz del día para ser ellos mismos una vez más, un ciclo más, ellos que habían estado dormidos algún tiempo, aún torpes pero deseosos de andar, de seguir sin quedar con el vientre reflejando las nubes. Grato es saludar a todos los ciclistas que a veces solo ves durante las competencias, recordar viejas experiencias y vaticinar las nuevas, saber que vamos por ellas y recordar que el único medio de transporte para obtenerlas es la bicicleta; para otras vivencias habrá otros medios; no para estas; no hoy.
Últimas indicaciones y nos lanzamos a la aventura. Juan Pablo y Toño se van hasta adelante y salen con los punteros, salen muy fuerte y yo quedo rezagado pues no logro ubicarme en una buena posición de salida por andar en el chisme y salgo hasta el final; sin embargo, nunca me estreso; esto es competencia de fondo, no hay prisa en arrancar. Tomo un paso cómodo y pedaleo, cual Reina de la primavera voy saludando a todos los camaradas que me encuentro en el camino. Finalmente encuentro mi grupo donde me siento bien y subimos por unos pocos kilómetros para iniciar  la emoción del descenso, lo disfruto mucho y en el siguiente ascenso el grupo se rompe. Chema Alonso, un competidor aguerrido de master 40 se aleja y dudo en seguirle el paso o ir al mío que en este momento es de ciclotón de Reforma; decido seguir mi ritmo y lo veo alejarse, por mucho tiempo me pregunto si estaré haciendo lo correcto, si no estaré exagerando en mi tranquilidad que en estos momentos puede rayar en la holgazanería pero mi corazón (literalmente) me dice que no (figuradamente); 170 ppm me parece un buen ritmo; con ello me doy el lujo de alcanzar a varios. Por su parte Nina, corredora alemana de gran experiencia me alcanza y platica como si tomara el té. Últimos metros de ascenso y se forma un nuevo grupo para el descenso que es por una ruta empedrada, varios columpios y el descenso son mi perdición, no logro separar mis dedos tanto como quisiera de los frenos y lo que gano en las subidas lo pierdo en las bajadas, me lamento por eso. Regresamos al Chico y el pueblo muestra más vida, me recuerdo que pronto estaremos aquí de nuevamente. Ascendemos otra vez y me encuentro solo, ya nadie me sigue y en una subida rutera en la que se podría trabajar en equipo muy bien me desespero y me culpo por haber decidido una mala estrategia.
 Inicio de descensos en terracería y mi mayor confianza y cuasi-enojo me hacer bajar más rápido; sin embargo un corredor de buena técnica me alcanzaría más adelante mientras yo bebía y me recargaba en una de las tantas cascadas por las que pasábamos. Kilómetro 50 y me sentía bien, con buen animo y recolectando cada que podía trozos de vida desprendidos por el bosque, tratando de guardarlos conmigo y llevarlos a la ciudad; avanzo un poco más y el apoyo Puma esta a mí espera. Como y bebo cuan rápido puedo y me informan que Toño y JP me llevan como 6 minutos, mi primera referencia en mucho tiempo. A partir de este punto inicia la primer subida en verdad difícil,  lo único que se encuentran son subidas y cuando el terreno cambia es solo para imponerse majestuosamente con unas sofocantes rampas. He dejado a Spyder y ahora Chema me ha alcanzado, subimos a un paso más que cauteloso, sufrido y así llegamos a un puesto de abastecimiento; después de recobrar el sentido común tras el ascenso y las viandas; el sentido de competencia regresa ¿qué estoy haciendo aquí? ¿Quién va delante de mí? Tristemente los números no habían cambiado, de 5 a 10 minutos nos aventajaban. Seguimos pedaleando y de nuevo el apoyo puma tan incoercible que ahora sin necesidad de líquido o alimento, una mirada es lo que me recarga, su energía ahora es la mía, esa necesidad de hacerlo bien cuando ellos lo han hecho lo mejor; paso veloz y me informan que nada ha cambiado. Sin embargo unos cuantos kilómetros veo al siguiente competidor; a “ese siguiente competidor” que siempre buscamos y que no veía desde hace 50 km cuando me había topado con el último. Lo alcanzó y veo que es JP;  me entero que Toño no va muy lejos, me animo y trato de pedalear más fuerte, los vemos a la distancia pero ellos también se dan cuenta  y se alejan, ¡empieza la cacería! Mi desviador trasero empieza a quejarse y necesito un calmante para él; espero a Juan Pablo para pedirle aceite y eso palia la situación…al menos por un momento; hay que pedalear nuevamente fuerte para alcanzarlos,  trato de llevarme a JP pero no lo logramos por mucho tiempo, más adelante encuentro nuevamente a Chema y con los restos de fuerza real que nos quedaba les damos alcance. Unas  ovejas le cierran el paso a Toño y esto parece una enboscada. Ahora Toño y su acompañante son nuestros.
El día nos había consentido con un bello clima soleado sin ser excesivo y eso tendría que ser pagado con lluvía misma que nos hacia recordar quien manda ahí. Último ascenso fuerte y el grupo se deshilacha nuevamente. Toño y yo somos los últimos sobrevivientes de ese grupo y yo trato de no abandonar, me aferro ya sin el puño de las  fuerzas físicas y solo con las uñas de la voluntad, en este momento ya estoy cansado, hastiado, extenuado y empezando a sentirme mal, pero trato de no dejarlo ir, no quiero y me aferro, el me grita desde su posición y me alienta a seguir, eso rinde frutos pues logramos alcanzar a un par de corredores más; sin embargo, el desviador ya no quiere continuar, trato de calmarlo con un poco más de aceite y parece funcionar. Inician los últimos descensos y  aunque son de camino ancho, también son sumamente técnicos pero decido soltar la bici, no hay otro momento. Dejo a Toño y al otro competidor y me lanzo solo, conquisto la terracería y llego a un nuevo camino que me llevará a la meta por su lengua empedrada. Mis manos están destrozadas por el camino, siento como si sostuviera un taladro hidráulico en las manos y sosiego mi ansiedad por llegar; por un momento funciona hasta que soy alcanzado, puedo escuchar una bicicleta venir tras de mi, puedo oler el aroma del cazador y la adrenalina me hace tener ya no más fuerzas pero si más ímpetu, arriesgo en una bajada, cansado, con hambre, y lluvia, arriesgo todo lo que no había arriesgado en mejores condiciones, me niego a perder lo que ya quería para mi y suelto la bici; en un instante ya no hay nadie a mis espaldas. Último ascenso para llegar a la meta, dos kilómetros para llegar y mi desviador empieza a sufrir nuevamente y yo con él. Trato de no moverme, de no respirar de no hacer ruido para que no se queje, como si tuviera abdomen agudo, trato de ser lo más armónico con mi bici y le pido me espere un poco más; pedaleo cuan fuerte puedo y llego en solitario para un séptimo lugar.
Varios minutos más tarde me sorprendo al ver que aquel que intentaba cazarme es doblemente cazado primero Chema y luego por Toño que le dan alcance. La lluvia que había cedido un poco decide no esperar a la llegada de JP e inicia nuevamente, solo que esta vez más fuerte. Preocupados por la gran lluvia que nos caía y más aún a JP, él lo resuelve con su gran tesón, su cara inmóvil me hace saber que el torrencial no es problema para él; los aplausos rompen junto con la lluvia para hacerse indistinguibles.
 
Me ha costado mucho trabajo, y tiempo recuperar un poco del nivel que tenía el año pasado y poco a poco lo hemos logrado. Y digo lo hemos logrado porque el equipo siempre ha estado para apoyar desde el primer día que te ven como hermano.  Yola que me ha tenido paciencia pues sabe lo que le cuesta esto a nuestra relación. Y al entrenador Ricardo que no me ha dejado flaquear; que me ha tenido paciencia y me ha apoyado más de lo que yo hubiera pensado. En esta carrera que aunque no he ganado nada físico, nada tangible, nada que colgar o gastar; me hace sentir que gané algo más: el derecho de poder decirles Gracias
Mientras empezaba estas líneas me di cuenta de lo que está hecho el equipo, lo que nos hizo intentar esta competencia; entre muchas otras cosas, del deseo de abrazar eso a lo que llaman difícil, eso es lo que buscamos. Curioso es como este equipo ve la vida. ¡A seguir sacando la garra puma!