miércoles, 1 de julio de 2009

reseña Bike Marathon del Oro

El sábado 27 de junio se emprendió una nueva odisea por los pumas, participando en el Bike Marathon en “El Oro”, Edo de México. En esta ocasión llegaron a la cita Andrés, Hugo, Eusebio, Juan Pablo y el que escribe (Victor Ortíz).
Esta competencia inicia muy temprano, pues todos salimos de la ciudad alrededor de las 6:30 a.m., la llegada a El oro fue alrededor de las 9:30 a.m., por lo que apenas estábamos a tiempo de recoger nuestro kit de inscripción. Cabe mencionar la excelente organización, pues se encontraban personas señalando las desviaciones necesarias para llegar a la presa Brookman, el patrocinio de bebidas isotónicas, un ambiente cordial entre los corredores, magnifica la vista de un bosque de coníferas por todas partes, además del vaso artificial que como toda presa de derivación, sirve para algunos deportes acuáticos.
Una vez dadas las 10:00 a. m. se llamo a formación, en la que las recomendaciones de Ziranda eran las de un biker profesional y comprometido con el evento en cuestión, es decir, los ascensos son lentos, no se desesperen, hidrátense, etc,etc. Es así que se da la salida con la presencia de más de 3 centenas de corredores (tal vez 4 centenas) que entusiastas parten a paso lento, pues el arranque no puede ser de otra forma para esta modalidad. En los primeros 200 metros pude observar que los punteros ya estaban en el primer kilometro, entre los que se encontraban nuestros camaradas Hugo, Eusebio y Juan Pablo. Junto con Andrés hicimos los tres primeros kilómetros juntos, pues en ese kilometro pierdo el control de la bicicleta y la caída me cobro con dolor agudo que me llevo varios minutos recuperarme y continuar con esta empresa. Al dar alcance al pelotón principal ya se iniciaba con el arduo ascenso, para lo cual los primeros kilómetros fueron un poco complicados, pues el número de personas en el camino hacia difícil tomar un ritmo adecuado, al menos para mí, pues de quedar rezagado, debía dar alcance; o al menos quedarme en el intento, a mi coequipero (Andrés). Fue así, que al recorrer metros y metros de ascenso, fui recuperando terreno, dando alcance a muchos de los camaradas.
Al iniciar los primeros descensos, al menos perdí cinco posiciones, pues como ya es de su conocimiento, aun no desarrollo mi talento en el Down Hill. Aun con la desventaja de descender despacio, en las subidas del kilometro 10 en adelante, solo recuperaba posiciones, aunque los más experimentados en varios puntos me aconsejaban bajar el ritmo, pues según su experiencia, no tardaba en reventar, incluso en el kilometro 17, el pequeño grupo de cuatro que rodábamos juntos, o al menos al mismo ritmo, aflojaron y me recomendaron que hiciera lo mismo, me sentía bien y en cierta forma me estaba reservando para el cierre, mala decisión, pues desde que me registre escogí la ruta de los 20 kilómetros, y pese que en el proceso de inscripción el amigo Andrés me sugirió me cambiara de modalidad, hice caso omiso lo que me cobro la factura.
Durante el recorrido muchos biker de diferentes lugares de la zona centro del país hacían su recorrido, algunos platicaban sobre sus odiseas en el Ajusco, el cerro del Tepeyac, etc. Comentarios que quedaban a medias, pues su ritmo de pedaleo era más lento que el mío, algunos haciendo alusión a las recomendaciones de Ziranda, sobre pedalear a un ritmo que no mermara en ninguna forma la condición física y sobre todo la salud. Llego el momento en que cerca del kilometro 18 un par de camaradas a los que presione un poco, y no por picudo, solo que se prestó el momento, la posición astral o como ustedes le quieran llamar, dijeron: …ese puma lleva buen ritmo, lo que es estar chavo… y no, no era la edad ni los chochos, sino las ganas y entusiasmo que te inyectan las buenas vibras de los niños locales …vamos pumas… y lo fumado que puede estar el cerebro de cada quien, a todos los corredores se les apoyaba, pero al paso del estandarte que portamos, la comunidad sabia quienes pasaban por su gran imperio.
Jamás di alcance al amigo Andrés, solo por momentos lo podía divisar a lo lejos durante los ascensos, pues en cuanto los descensos se hacían presentes, mi coequipero volaba. Así llegue al kilometro 18.5, y con ello la desviación de los 20 kilómetros. El reservar energía por momentos me dejo poco satisfecho, pues la ya mencionada desviación trajo consigo un descenso rápido y seguro. Bueno, aun así, un camarada me presiono en la última bajada y que me rebasa, lo que me quedaba hacer era darle alcance de nuevo y recuperar la posición que ya me había ganado, y si, en el ultimo kilometro lo presione tanto que en los últimos 300 metros aflojo tanto que hasta me metí con todo y bicicleta a la zona de descanso, porque me fallaron los frenos (buen cierre este).
Es así, que me toco esperar durante una hora la llegada del amigo Andrés, quien se rifo como los grandes. Alrededor de las 2:15 horas arribo Juan Pablo, intercambiamos algunos comentarios, y seguimos en la espera, 8 minutos después (más o menos) arribo Hugo y cumplidas las 2:40 horas desde que inicio el maratón llego Eusebio. Minutos más tarde llego Andrés y con ello y, después de un breve descaso procedimos a prepararnos para regresar al D.F. claro sin dejar de pasar a tomarnos un refrigerio en El Oro, donde nuevamente nos encontramos con Hugo y Eusebio (junto con un par de camaradas con quien viajaban). Intercambiamos algunos comentarios sobre como estábamos cada quien físicamente, la satisfacción que nos trae esta experiencia y cosas varias. Durante el regreso una tormenta que hizo lento el flujo vehicular, pero sin contratiempos.
Por lo pronto, no vemos en la próxima cita.
Saludos. Víctor Ortíz