martes, 5 de marzo de 2013

DANIEL CORTÉS NOS DELEITA CON SU POPOBIKE 2013



RESEÑA POPOBIKE 2013

Todo musulmán ha de visitar la Meca al menos una vez en su vida ¿Cuál es la Meca del ciclismo de montaña en México? Podría aventurarme y decir que la Popobike, podría estar en lo correcto o no, otros más podrían decir tantas cosas tan variadas, otros tantos concordar. Lo que si se de cierto es que la Popobike es un evento que siendo o no la meca del MTB mexicano es un carrera que todo ciclista de montaña que se diga así mismo como tal debe hacer, intentar domar a Popocatepetl y tocar las faldas de la mujer dormida al igual que las de cualquier otra mujer, es un placer que puede estar lleno de dolor.
El día sábado los pequeños en edad pero no en garra tendrían su propia batalla, con más emoción que miedo pues esta última sensación solo la da la experiencia de vivir, piden más distancia que la previamente establecida sin saber a que se enfrentaban. Inician ya su duelo y estos pumas de nacimiento serían el orgullo de nuestra especie. 4to lugar para Dany Partida y 1ro para Diego Ramos.
El día de la competencia mayor ha iniciado; la mayoría, Pumas naturalizados sabemos que esto no es el inicio, siendo una competencia tan importante esto se convierte únicamente en una vertedera de trabajo y preparación previa, expectativas y anhelos y porque no, miedos y esperanzas.
El ritual ciclista comienza, ajustes, estiramientos, micción, pensamientos, despedidas y nos vamos. Salida única para la carrera de 54 km, los de la corta de 31 km nos alcanzarán una hora y media más tarde. Sin temor por un buen posicionamiento salgo al fondo, el reconocimiento de dos semanas previas me evitan ese sudor de manos y me recuerdan que tengo 6 km de pavimento para posicionarme justo donde quiero, el último trazo de la conquista del hombre sobre la tierra desnuda termina y llegamos a donde queremos, a donde solo nuestras bicis de montaña y no otras pueden llegar. La tierra fértil y fina está sedienta pues la época de lluvias aún no comienza y en su falta de agua intenta tragarnos a nosotros, difícil rodar en estas condiciones y el mejor consejo es ser paciente y tener un buen manejo de la bici. Algunos me rebasan pero con mi paso seguro sigo tomando posiciones, alcanzo a Fabiola Corona y la rebaso con todo y guardaespaldas bicicletero. Más adelante encuentro un nuevo grupo de lidia; sin embargo, desde lejos escucho el auxilio de un ciclista en apuros cual ballena encallada; ha ponchado y no tiene bomba, intento enojarme porque no trae su propia herramienta y busco un pretexto para no detenerme, para seguir ese diálogo entre el bosque y yo, espero a que alguno de los corredores con los que ahora ruedo lo auxilien pero no sucede así, no me queda otra que detenerme y ayudarlo, al final a mi me quitará un par de minutos, a él pudo quitarle toda la carrera, toda la experiencia. Veo que varios corredores me rebasan entre ellos Corona, decido partir y dejarle mis cosas al corredor, emprendo mi marcha nuevamente y sigo avanzando, Km. adelante recojo los lugares perdidos altruistamente; y entonces se hace notorio el espesamiento del bosque, su menor grado del manoseo del hombre y recuerdo que esta es una de las cosas por las que he venido y logro disfrutarlo rápidamente entre jadeos a 175 ppm. Inicio un descenso  fuerte y un corredor delante mió cae a gran velocidad, gira intempestivamente y da una vuelta completa sobre si mismo y termina prácticamente parado; sin embargo, los golpes que recibe son tales que le hacen gritar de dolor y  vuelve al suelo, esta vez por voluntad propia. Como puedo evito la colisión que sería doblemente catastrófico, sabía que de esto podía estar llena la competencia dadas las características del terreno. Evito la caída y lo auxilio, movemos su bici y a él a una zona segura, permanecer ahí podría provocar un nuevo accidente. Viendo que tiene todas las partes de su cuerpo donde pertenecen sigo mi camino, en el proceso me viene un dejavu ciclista y todos los corredores me vuelven a pasar, incluida Corona. Como puedo rebaso a unos cuantos en la bajada, justo antes de llegar al final de la misma me es imposible rebasar a una chica más y es mi momento de probar la calidez del suelo, logro controlar la bici  y la caída es realmente a muy baja velocidad pero mi primer miedo se hace presente, no poder continuar la competencia, reviso rápidamente y no encuentro desperfecto alguno así que avanzo nuevamente esto que empezaba a parecer una carrera en tiempos diferidos.
El cansancio que provoca el esfuerzo comienza a sentirse, no se como llegó pero parece no tener planeado irse por un tiempo así que solo queda negociar con él. Empiezo un ascenso que sé será duro  y ya sin fuerza en la mirada sino con serenidad comienzo la subida, escucho unos corredores se acercan ya sin importarme demasiado su presencia cuando oigo “venga tocayito”, es Daniel Partida que como puede me infiltra un poco de ánimos, de esa fuerza que ningún gel o bebida isotónica poseen, trato de seguirle el paso y como si me escuchará parece esperarme. Camino ancho pero técnico, lo desgastado de la tierra hacen que eso se convierta en un camino por donde solo puede transitar un solo corredor. Somos las hormigas que no pueden detener su paso y caminan a tientas, en una hilera de fibras musculares y de carbono, esto provoca roces tanto físicos como emotivos entre mi tocayo y otro corredor. Dany con la experiencia que lo caracteriza le cede el paso y lo obliga a exigirle más de lo que el otro ciclista puede dar y su falta de técnica le hacen comer el exceso de polvo del descenso, cae estrepitosa y espectacularmente pero no resulta en problemas de gravedad así que mi tocayo y yo seguimos nuestro paso. Un poco más recuperado, rebaso a Daniel antes del siguiente descenso y le regreso el apoyo energético entregado poco antes. Bajamos rápido, en una vuelta cerrada trato de aprovechar toda la curva y mi tocayo trata de ganar la salida de la curva por adentro de la misma, la curva no tenía los mismos planes para él y alcanzó a escuchar el malentendido entre Dany y la vuelta. Me detengo para saber la gravedad del asunto, empiezo a dar la vuelta pero mi Tocayo me lo impide enérgicamente, me dice que siga, que no pasa nada, obedezco religiosamente y empiezo mi camino en solitario, esto me da tiempo de pensar en lo que resta de la carrera. Un ligero descenso y se abre un claro, un pequeño llano y me reconozco en él años atrás, la nostalgia cuelga de los arbustos y esto me saca de concentración para llevarme a los Scout, a las tirolesas, a las construcciones bajo tierra y las de tres pisos en los árboles, a la hermandad de la flor de lis, está área verde me había visto muchas veces llegar y no querer irme; hoy años después  y con una visita más fugaz la historia sería la misma. Descendemos a un pequeño arrollo por un tobogán que otrora nos había servido para abastecernos de agua por varios días de noche y de día. Siento una extraña sensación en el descenso y mi deseo es ver a mis antiguos compañeros de experiencias hoy convertidos en memorias, subo  por un segundo llano y cruzamos el río que tantas veces me nutrió. El momento de la nostalgia ha de pasar y la última gran subida me obliga a olvidar el pasado y regresar a este polvoso presente, subo no tan rápido como hace algunos kilómetros y el cansancio me obliga a hacer una revisión de mi estado y  me doy cuenta que todo mi  tren superior está agotado lo que realmente me atemoriza es el saber que delante de mi tengo el descenso más fuerte de toda la competencia que aunque no extremadamente técnico, la velocidad que se puede alcanzar la hace de suma consideración. Trato de calmar mis ánimos agitados por la experiencia de hace dos semanas donde perdí el control de la bici en este mismo lugar. He dejado ya  atrás a  mis más cercanos competidores y el momento del descenso aparece frente a mí ineludiblemente, cierto es que trazas de miedo se funden con el cansancio y me permean los brazos, imposible descomponer en sus partes ambos y saber la justa medida de cualquiera de los dos pero el resultado de ello es indiscutible y por tanto bajo temeroso, con las manos al borde de la tetania en los frenos desciendo, mi andar errático hacen que un par de ciclistas me rebasen  pero no puedo hacer nada para alcanzarlos, no queda mas que hacer mi propio camino. Poco a poco el acercamiento a la civilización hace los senderos más amables y ellos me llevan con la fotógrafa oficial a la que le dejo de garantía un beso.
Me encuentro nuevamente rodeado de gente, como si fuera la llegada del hijo prodigo sus aplausos recorren las calles y yo cruzo entre ellos para llegar a la meta. El descenso le da tregua a mi hígado que manda un poco de glucosa a mis músculos los cuales están dispuestos a cubrir el vacío que dejo mi ausente confianza en el camino hacia abajo. Me agazapo cual puma sobre mi propia bici, la maleza que me esconde es mi propio manubrio y me abalanzo sobre el viento. En total posición aerodinámica pedaleo cuan fuerte puedo y como dijera algún conocido libro: veo que era bueno;  alcanzo los 45 km/h  y eso me permite pasar a un corredor que le es imposible hacer algo por alcanzarme, su inmovilidad lo hace parecer parte del escenario. Sigo avanzando y llego prácticamente en solitario a la meta.
La gran fuerza y habilidades de Luís Carlos lo hacen como siempre, el más rápido de nosotros; Juan Pablo sigue acercándosele peligrosamente. Las nuevas integrantes féminas del equipo nos han mostrado que tienen todo para llenar de medallas ese espacio vacío que tenía el equipo, enhorabuena por su llegada. Juan Carlos con todo y su reciente operación se da tiempo de hacerle apuestas a la vida y ganarlas; aunque pierda su monitor.
La competencia para muchos ha terminado; sin embargo, algunos siguen en su propia lucha como lo es, el caso de Felipe Ramos, quien sufrió un desperfecto mecánico que lo retrazó pero aún así llegó (y siempre lo hará) con su perfecta garra puma. Como a él y muchos de nosotros, a veces nuestra sangre en vez de transportar oxigeno parece movilizar desanimo y nos indica desde su alto pedestal: ¡Nunca más! Realmente no concibo el binomio puma-claudicar y no por ser algo que este plasmado en una escritura sagrada de “orden y decoro” que hemos de firmar al ser ordenados, más bien esto lo he visto escrito en los ojos de todos los pumas que se han comprometido con lo que hacen, tienen escrito con el color de sus pupilas el nunca claudicar.
El evento nos dejo cosas buenas y malas, el asalto de la camioneta del entrenador, una pequeña muestra de lo que pasa en este nuestro desquebrajado México. El accidente con complicaciones serias, pero no fatales de Jorge, del que esperamos su pronta recuperación. Si algo bueno obtengo de esto es saber que el equipo no es solo un conjunto de ciclistas que se unen a pedalear; la bici, es solo el mero pretexto para mostrar lo que realmente son; y eso no es grandes ciclistas sino grandes personas. A seguir sacando la garra puma pues ¡¿Qué no venimos a rodar? ¡