martes, 27 de noviembre de 2012



RESEÑA DE LA CARRERA
“ADVENTURE CHALLENGE 2012 DE TEENEK RACING”
El último par de semanas han sido difíciles para mí, salir de una lesión, mucho trabajo y demás cargas cotidianas restan tiempo a lo que inicialmente es un gusto pero que al final se transforma en algo diametralmente opuesto. Tres días sin entrenar, el resto de la semana con entrenamientos pusilánimes  y recibo un mensaje de Toño Gama pidiéndome lo supla en la competencia  por parejas que haría en compañía de su hermano Juan Pablo; competencia que se realizaría en Huasca de Ocampo, este lugar que tiene por sobrenombre pueblo mágico; sin embargo para nosotros ciclistas, su magia no esta en el pueblo sino fuera de él.
Aunque tenía muchas ganas de ir, el trabajo se apelotona desbordándose  desde la semana laboral y derramándose sobre el fin de semana, difícil  hacer algo que no sea trabajo; sin embargo la oportunidad está puesta y quiero tomarla, el favor se pide y mi amistad me obliga a no claudicar; el día dura 24 horas y el trabajo puede esperar para hacerse por la noche; la decisión está tomada, Huasca, otra vez nos veremos. Alistar las cosas de último momento, y en la premura Yola no cuenta con su cámara, la del celular tendrá que hacer el trabajo.

En esta ocasión Teenek racing nos pone una prueba mixta, 10 km de carrera pedestre, 40 km de ciclismo de montaña y 5 km de kayak. Juan Pablo y yo en compañía de toda la familia Gama/puma nos dirigimos a dicha competencia. Una vez allá nos encontramos a Isaac Pompa que nos informa ha de correr en solitario, para mis adentros pienso su gran tenacidad  y lo aplaudo.
Últimos preparativos y a planear la estrategia aunque no hay mucho que planear, Juan Pablo es más rápido que yo y por tanto,  yo he de tratar seguirle un paso que sea lo suficientemente fuerte.
Así como en el agua puesta al fuego puede verse la ebullición cuando esta está próxima a suceder, a las emociones les sucede lo mismo, cada minuto que se acerca al inicio de la competencia la adrenalina nos invade y nos hace tiritar y al momento de arranque todos explotamos. Salida muy fuerte y hay que seguir el ritmo, pisamos el empedrado por 500 metros y es un martirio, por suerte es solo eso, Juan Pablo y yo tomamos un buen paso pero no me siento a gusto, no encuentro mi zona de confort y me cuesta mucho respirar. Tiene que pasar unos 3 km  para poder encontrarlo, rebasamos un par de parejas y nos posicionamos desde ese kilómetro recorrido en segunda posición, abandonamos el pueblo y  el bosque de montaña nos recibe con sus olores, con sus pinos y ese crujir de la yesca al paso, sonido tan sui géneris,  tan mágico; este sí, realmente mágico.
Subidas fuertísimas y el corazón se va al cielo, tratamos de no dejar ir al primer lugar que traen un ritmo difícil de seguir. Los perros salen a recibirnos pero no como nosotros quisiéramos y uno de ellos me quita tiempo tratando de impedir me muerda. Yo en calidad de homo habilis me hago de algunas piedras y las lanzo como puedo para escaparme del perro. Tomamos un buen paso  y de regreso  noto a Juan Pablo aflojar el ritmo, es una añeja lesión que le impide correr más rápido, y trato de darle ánimos. Llegamos de regreso al pueblo y lo que a mi me da ánimos es ver a Yola esperándonos. Preparamos la transición que la hacemos con la calma de una jugada de ajedrez, llegamos solos y al partir más de 5 parejas ya estaban ahí haciendo también la transición. Salimos cuan rápido podemos dándonos cuenta del tiempo perdido  y en la retaguardia ya traemos a Luis Canseco y Nina Von Ostman que vienen concentrados en no dejarnos ir sin ellos, no se nos despegarán del todo sino hasta la mitad del camino rodado. Mientras tanto, nosotros tomaríamos nuestro propio paso. Cruzaríamos por varios puntos de control y los líderes de la competencia no se encontraban lejos, de uno a tres minutos lo que nos mantenía con esperanza de poder alcanzarlos. Ya a la mitad de la carrera ese tiempo se acrecentaría a 10 minutos, impidiendo el desanimo seguimos haciendo nuestra propia carrera, Juan Pablo es quien en su mayoría viene marcando el paso. En un ascenso fuerte pasa lo imprevisto; un calambre en los gastrocnemios de la pantorrilla derecha y mi primer instinto es revolcarme del dolor pero me lo prohíbo mientras veo a Juan Pablo alejarse cada pedaleada es un conato de rebelión muscular la cual socavo tratando de estirar la pierna en desgracia mientras transfiero toda la carga a una sola de mis piernas. Sin esperar que es lo que mis piernas decidirían hacer, les ordeno tiránicamente darle alcance a Juan Pablo el cual voltea a verme y actúo como si nada hubiera pasado. El ritmo impuesto me hace imposible darme un tiempo para poder alejar la vista del camino pero mi cuerpo se sabe libre, sufriendo y por tanto vivo, y eso me dibuja una sonrisa serena en el rostro; es curioso como a veces los ciclistas alcanzamos la serenidad a 185 pulsaciones por minuto;  pensar en esto despierta mi yo contemplativo en medio de la efervescencia, sabiéndome imposible de quedarme a oler el “enervante perfume de las flores” tomo una “instantánea” y me la llevo en el bolsillo de mi jersey. Mi concentración de nuevo al camino y el esfuerzo no disminuye, rodamos 15 kilómetros más y la organización nos comenta que estamos próximos a llegar, último descenso y unas aves de rapiña enormes hacen círculos sobre nosotros, me gustaría saber que especie son y para disgusto de las aves y mía, no me puedo quedar a contemplarlas o a ser comido por ellas u otros ciclistas.
Llegamos a la presa de San Antonio donde se remarían los 5 km de kayak, último esfuerzo antes de cederle el trabajo a mis brazos y me declaro exhausto. La porra puma se emociona al vernos llegar y lo agradezco en mis adentros mientas mi rostro acartonado por el cansancio no me permite demostrarlo. Entro pesadamente  a la zona de transición y solo la mitad de mí está consciente, cuando me doy cuenta ya estamos remando sin rumbo ni dirección, acostumbrarse a los remos es difícil pero con cada movimiento vamos adquiriendo la destreza necesaria para hacer (aunque penosamente) el recorrido completo. Remamos y antes de dar la vuelta  nos percatamos de que el primer lugar ya viene de regreso, remando aún más desincronizada y atáxicamente que nosotros logramos recortar un poco de tiempo que ellos nos llevaban; damos la vuelta más lejos de lo supuestamente previsto y eso anula el tiempo recortado y la posibilidad de alcanzarlos. Llegamos a puerto y nos preparamos para el último tramo a rodar, me despido de la porra puma y de Yola con un beso y me doy cuenta de que estamos frente a los prismas basálticos y me hace recordar algún congreso al que alguna vez vinimos por aquí, el saber como diferentes situaciones te hacen vivir un mismo lugar de diferente manera convirtiéndote en otra persona me deja pensando por un momento. Seguimos rodando con el último esfuerzo y no aflojamos el paso, en mi mente se que el primer lugar ya está lejos pero seguimos pedaleando fuerte. Últimos 100 metros de empedrado y Juan Pablo acelera, le sigo el paso y mi pantorrilla derecha me hace saber antes de que terminemos que tal clase de castigo que le he impuesto no quedaría impune al presentarse nuevamente un calambre, trato de no perder la compostura y cruzo la meta pedaleando lo más entero que se puede.
Tiempo después llegaría Isaac en solitario para demostrar lo inquebrantable de la determinación puma.
Al final el equipo se llevaría el 2do. lugar general lo cual nos dejaba bastante contentos. No quedan más kilómetros por recorrer y darse cuenta que todo lo que se tenía, poco o mucho se ha dejado en el camino siempre es el mayor aliciente, de esto esta hecho este equipo. Y parafraseando a mi tocayo Dani Partida:

¡México, Pumas, Universidad, Goya!